Paises luminosos. Aviones a reacción. Luces rojas en la esquina. Noches que rodaban por sus huellas. Dedos. Estelas. Alucinaciones.
Nevará en los santos lugares.
Lluvia para principiantes.
domingo, diciembre 14, 2008
miércoles, noviembre 12, 2008
viernes, octubre 17, 2008
martes, septiembre 30, 2008
"...Luego, en esos países más luminosos, bajo el sol más fuerte, la sombra proyectada por los objetos y las figuras se vuelve distinta y está coloreada de tal modo que uno está tentado de suprimirla, sencillamente. Esto sucede ya aquí...
Creo que te gustará la caída de hojas que he pintado. Son los troncos de álamos lilas, cortados por el marco allá donde comienzan las hojas. Estos troncos de árboles como pilares bordean una avenida donde se alinean, a derecha e izquierda, viejas tumbas romanas de un lila azul.
Luego, el suelo esta cubierto por una capa espesa de hojas anaranjadas y amarillas parecida a un tapiz. Como los copos de la nieve que sigue cayendo. Y en la avenida figuras menudas de enamorados en negro. La parte superior del cuadro es una pradera muy verde y nada de cielo o casi nada.
La segunda tela es la misma avenida, pero con un viejo bondadoso y una mujer gorda y redonda como una bola.
¡Pero si el domingo hubieras estado con nosotros!... Hemos visto una viña roja, roja como el vino tinto. En la lejanía se volvía amarilla y después un cielo verde y soleado, y los campos después de la lluvia, violeta y amarillo brillante por
aquí y por allá, donde se reflejaba el sol poniente..."
Vincent Van Gogh, carta para su hermano Théo, noviembre de 1888
Creo que te gustará la caída de hojas que he pintado. Son los troncos de álamos lilas, cortados por el marco allá donde comienzan las hojas. Estos troncos de árboles como pilares bordean una avenida donde se alinean, a derecha e izquierda, viejas tumbas romanas de un lila azul.
Luego, el suelo esta cubierto por una capa espesa de hojas anaranjadas y amarillas parecida a un tapiz. Como los copos de la nieve que sigue cayendo. Y en la avenida figuras menudas de enamorados en negro. La parte superior del cuadro es una pradera muy verde y nada de cielo o casi nada.
La segunda tela es la misma avenida, pero con un viejo bondadoso y una mujer gorda y redonda como una bola.
¡Pero si el domingo hubieras estado con nosotros!... Hemos visto una viña roja, roja como el vino tinto. En la lejanía se volvía amarilla y después un cielo verde y soleado, y los campos después de la lluvia, violeta y amarillo brillante por
aquí y por allá, donde se reflejaba el sol poniente..."
Vincent Van Gogh, carta para su hermano Théo, noviembre de 1888
jueves, septiembre 18, 2008
miércoles, septiembre 17, 2008
Dance to the music. Edificios enfermos. Be my nazi baby. Polvo de ladrillos desde el río, cadillac negro, gomas sobre asfalto. Dance to the music. Desayunos con polonio. Restos de huracán. Fuego en las guitarras. Razas de sábado en las esquinas de tu cuarto. Guardo, corazón, un zeppelín en el armario. Ni colchón ni batería. Emily Strange. Idiomas imperfectos. Pies de plomo y vestidos de cerámica. El terror de la reentrada. Agárrate a mis piernas cuando me acerque a la ventana. Are doctors supposed to be perfect? Fletaré tu zeppelín.
lunes, septiembre 08, 2008
lunes, agosto 25, 2008
martes, agosto 19, 2008
Todos llevamos el nombre de un santo, de un hombre que no tenía nada. Es el nombre que nos dieron los padres. El nombre que no puedes pronunciar.
¿qué dirías de ti misma?
Duras.
Escribir un libro o no, es cuestión de tiempo, es un hecho aleatorio. Las palabras están allí y acuden a su cita. No sabemos nada, no somos nada. Sin embargo sucede, sólo (sospecho) a quienes no lo buscan, a quienes no lo desean, a quienes saben cobijar el secreto y agrandarlo, guarecerse en él.
Me lo dice una mujer sentada en un apartamento de Paris. Pudo estar muerta cuando llegué hasta ella, pero hablaba. No puedo jurar que sonría la gente que la conoció, que la recuerde, que sepa de ella. Miro al mar y no existo, el mar nos borra en palabras de otros, el paso de los días es lo único que tantos entienden, pero no es suficiente.
Sólo espero llegar al final de mis días tan seguro de Duras como hoy, cuando siendo sólo un párvulo sonrío y sucede. Sin más. Hay ropa tendida y afuera llueve. Vivir es tan sencillo como dejarse ser entre los días, dejarse morir. No saber nada, no ser nada, no querer, no perder, no esperar, no desesperar, no tener más don que la existencia, más virtud que estar aquí.
¿qué has hecho Duras?
escribir ¿y tú?
Yo no hago. Sólo sucedo.
Vivir para quien, para qué, para cuando. Nadie sabe. Pero no hay que arrojarse a la muerte sin más. Sólo dice eso.
Es necesario alguien a quien dirigir las palabras, cuando menos, a quien dirigir la vida, el amor. Es necesario un lector o un amante. Una voz. Duras. Yann. Dos voces en un apartamento de París. Noviembre de 1994. La mujer que me habla está viva, los párvulos la recuerdan y los vivos se sonríen, hablan de ella.
Marguerite es el nombre de un santo. El nombre de alguien que no tenía nada. El que le dieron sus padres. Es difícil pronunciar los nombres de la gente. Es tarea de años. En una cara no cabe cualquier nombre, en alguien a quien amas no cabe ninguno, en alguien que se está muriendo no lo sé. No sé que nombre dar a alguien que se está muriendo.
La Británica miente. Los prólogos mienten. Los periódicos mienten. Las hemerotecas están repletas de inexactitudes. M. Duras es alguien a quien echar de menos, no es nada, es alguien que encontró las palabras, el ritmo de las palabras, el ritmo del pensamiento. Es así de fácil, sencillez. Dejarse no ser, desde que has visto el mar.
La Británica dice: Marguerite Donnadieu. Ese es el nombre del santo, y el apellido del padre. Duras se nombró a sí misma, nombre de pueblo cercano. La enciclopedia habla de cine, novelas, guiones, de nouvelle roman, Élouard, Sagan, Hiroshima mon amour. Indochina. París. Un marido fugitivo de Buchenwald, la resistencia, el comunismo, la palabra, el poder de la palabra. De 1942 a 1995. Siempre escribir. Eso es todo, su último escrito.
¿Quien es Yann? ¿cuál es su nombre de santo?
Yann Andréa Steiner. A menudo no recuerdo su nombre. Sólo su cara.
Ven a su cara, Yann.
Duras no habla de nada, se deja llevar por las palabras que otros le traen al papel. ¿Y Yann? ¿Es un nombre deseado?
Cada día se vuelve más guapo.
El amor nos abandona. Así los hombres, nuestras propias fuerzas, cuando el viento se retira y no deja nada. Tus palabras en un libro, piedras en la presa. Tous les garçons et les filles de mon age han sido hermosos hasta la muerte. "C´est tout": el último libro, un día cualquiera, asombrosamente dulce y concreto. Directo como un beso, como una bala, limpio de vanidad y de aire. Mujer discreta de oriente, asombra tanta vida después de tanto tiempo, un amor por estrenar de tan vivirlo. Ochenta años de vida y cuantos de muerte y la voz, madame Duras, es la palabra justa sobre el objetivo justo. Tuve que decirlo, y tuvo que ser más largo, porque yo, embrutecido europeo de pies a cabeza, catástrofe norte-sur, hombre del este en un occidente de macdonalds, no tengo labios para ti. No quedan sonrisas para los muertos. Sólo seis pies bajo palabras sin voz.
Sólo soy vanidad y persecución del viento.
¿qué dirías de ti misma?
Duras.
Escribir un libro o no, es cuestión de tiempo, es un hecho aleatorio. Las palabras están allí y acuden a su cita. No sabemos nada, no somos nada. Sin embargo sucede, sólo (sospecho) a quienes no lo buscan, a quienes no lo desean, a quienes saben cobijar el secreto y agrandarlo, guarecerse en él.
Me lo dice una mujer sentada en un apartamento de Paris. Pudo estar muerta cuando llegué hasta ella, pero hablaba. No puedo jurar que sonría la gente que la conoció, que la recuerde, que sepa de ella. Miro al mar y no existo, el mar nos borra en palabras de otros, el paso de los días es lo único que tantos entienden, pero no es suficiente.
Sólo espero llegar al final de mis días tan seguro de Duras como hoy, cuando siendo sólo un párvulo sonrío y sucede. Sin más. Hay ropa tendida y afuera llueve. Vivir es tan sencillo como dejarse ser entre los días, dejarse morir. No saber nada, no ser nada, no querer, no perder, no esperar, no desesperar, no tener más don que la existencia, más virtud que estar aquí.
¿qué has hecho Duras?
escribir ¿y tú?
Yo no hago. Sólo sucedo.
Vivir para quien, para qué, para cuando. Nadie sabe. Pero no hay que arrojarse a la muerte sin más. Sólo dice eso.
Es necesario alguien a quien dirigir las palabras, cuando menos, a quien dirigir la vida, el amor. Es necesario un lector o un amante. Una voz. Duras. Yann. Dos voces en un apartamento de París. Noviembre de 1994. La mujer que me habla está viva, los párvulos la recuerdan y los vivos se sonríen, hablan de ella.
Marguerite es el nombre de un santo. El nombre de alguien que no tenía nada. El que le dieron sus padres. Es difícil pronunciar los nombres de la gente. Es tarea de años. En una cara no cabe cualquier nombre, en alguien a quien amas no cabe ninguno, en alguien que se está muriendo no lo sé. No sé que nombre dar a alguien que se está muriendo.
La Británica miente. Los prólogos mienten. Los periódicos mienten. Las hemerotecas están repletas de inexactitudes. M. Duras es alguien a quien echar de menos, no es nada, es alguien que encontró las palabras, el ritmo de las palabras, el ritmo del pensamiento. Es así de fácil, sencillez. Dejarse no ser, desde que has visto el mar.
La Británica dice: Marguerite Donnadieu. Ese es el nombre del santo, y el apellido del padre. Duras se nombró a sí misma, nombre de pueblo cercano. La enciclopedia habla de cine, novelas, guiones, de nouvelle roman, Élouard, Sagan, Hiroshima mon amour. Indochina. París. Un marido fugitivo de Buchenwald, la resistencia, el comunismo, la palabra, el poder de la palabra. De 1942 a 1995. Siempre escribir. Eso es todo, su último escrito.
¿Quien es Yann? ¿cuál es su nombre de santo?
Yann Andréa Steiner. A menudo no recuerdo su nombre. Sólo su cara.
Ven a su cara, Yann.
Duras no habla de nada, se deja llevar por las palabras que otros le traen al papel. ¿Y Yann? ¿Es un nombre deseado?
Cada día se vuelve más guapo.
El amor nos abandona. Así los hombres, nuestras propias fuerzas, cuando el viento se retira y no deja nada. Tus palabras en un libro, piedras en la presa. Tous les garçons et les filles de mon age han sido hermosos hasta la muerte. "C´est tout": el último libro, un día cualquiera, asombrosamente dulce y concreto. Directo como un beso, como una bala, limpio de vanidad y de aire. Mujer discreta de oriente, asombra tanta vida después de tanto tiempo, un amor por estrenar de tan vivirlo. Ochenta años de vida y cuantos de muerte y la voz, madame Duras, es la palabra justa sobre el objetivo justo. Tuve que decirlo, y tuvo que ser más largo, porque yo, embrutecido europeo de pies a cabeza, catástrofe norte-sur, hombre del este en un occidente de macdonalds, no tengo labios para ti. No quedan sonrisas para los muertos. Sólo seis pies bajo palabras sin voz.
Sólo soy vanidad y persecución del viento.
Ni pies ni caminos. Idiomas aleatorios. Acordes aleatorios. Jackanory stories. Lentos los incendios. Luces amarillas en habitaciones alquiladas. Mundo ya después de dioses y titanes. Barcas encalladas en el Hades. Río de arena hacia poniente. Lavadoras asesinas. Cadáveres centrifugados. Música y distancia. Pájaros aleatorios. Baile de vencejos. Gritos de vencejos y el cielo aquel de entonces. Cuando los ríos hacia el este. Cuando mar bajo los trenes. Cuando las naves y tu rostro eran las luces en la noche. Ninguna necesidad de remos. Hablar despacio. Mirar despacio. Formar parte de sus muertes. Bailar descalzo. Metralletas y tambores. Sueños gemelos. Buscabas unas manos en el día equivocado. Buscabas un ejército con el tambor equivocado. Somos los mismos de otros siglos. Marchar con el peán de los vencejos.
lunes, agosto 18, 2008
lunes, agosto 11, 2008
Un cisma irreconciliable divide nuestro país desde hace siglos, sembrando sus campos con desdicha. Las dos facciones matan y mueren por la correcta grafía del apellido del ilustre Josep Maria de Segarra, que algunos herejes escriben Sagarra. Yo, para escapar de tan funesto círculo, me hice de Narcís Ollé, que algunos herejes escriben Oller.
Seres barbados. Espuma. Planchas afiladas. Crestas de la ola. Vértigo. Armarios y ataúdes. Carritos del supermercado. Despojos que devuelve la corriente. Huir hacia levante. Huir hacia el tsunami. Animales legendarios. Ibis bueyes y mangostas. Neocórtex desconfigurado. Primer día de trabajo. Oficinas de reclutamiento. Cadáveres post-vac. Miras telescópicas. Motos baratas. Mangostas de neopreno. Surferos samurais. Las playas de Montgat.
jueves, agosto 07, 2008
jueves, julio 24, 2008
viernes, julio 11, 2008
Gwen y sus juguetes
La cola del demonio
Mefisto
Mefistófeles
Arañas que tapizan los rincones
De tu casa
De tus bares
De tu carcel tus desiertos
Esferas de paño blanco
Y esa luz como de leche
Sin embargo
Esa luz como de espuma
Sin embargo
La soledad del nadador y el mar azul
Inmenso
Dátiles medusas asteroides
La arbitrariedad
De todo esto
La cola del demonio
Mefisto
Mefistófeles
Arañas que tapizan los rincones
De tu casa
De tus bares
De tu carcel tus desiertos
Esferas de paño blanco
Y esa luz como de leche
Sin embargo
Esa luz como de espuma
Sin embargo
La soledad del nadador y el mar azul
Inmenso
Dátiles medusas asteroides
La arbitrariedad
De todo esto
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